“Cuando Dios te concede nuevos comienzos, no repitas antiguos errores.” “Sin esfuerzo, no existe el progreso.”
Aquí concluye una etapa en la que me llevo innumerables aprendizajes, no solo académicos, sino también de lo valioso y significativo que podemos ser como seres humanos; de lo mucho que debemos amarnos y de lo lejos que somos capaces de llegar. La disciplina forma carácter, desarrolla sabiduría y abre caminos hacia nuevos inicios. Nos enseña un poco de la realidad de la vida, esa que estamos a punto de explorar como un “nuevo mundo”. Pero una persona sabia sabe que siempre ha pertenecido a ese lugar, porque quien triunfa debe primero perderlo todo para aprender a ganar. Esta es una experiencia de vida: algunos la comprenderán, otros se perderán en ella, pero como dice mi madre, siempre debemos ser agradecidos con los planes de Dios y con lo que poseemos, porque su tiempo es perfecto. Agradezco a mi madre por ser el pilar esencial de mi vida, por su ejemplo, su guía, su fortaleza y por nunca juzgarme, sino enseñarme con amor. Ella es mi universo eterno, y la elegiría una y mil veces más. También a mi padre, a quien llevo siempre presente en mi mente y en mi corazón. Y por último, luchen por sus sueños sin rendirse, porque mientras exista vida, siempre habrá una oportunidad para volver a intentarlo un millón de veces.